COLLAR

COLLAR

El miedo a perder la cabeza aparece cada cierto tiempo. Tal vez lo más exacto sea decir que nunca se va, sólo se esconde o enmudece por temporadas. Que la cabeza pueda salir corriendo puede ser una imagen extraña. Pero la imagen alumbra, más bien, otro temor, del orden de lo psicológico: la separación del cuerpo del espíritu, el alejamiento, distorsionado, de uno del otro.

A fines del siglo XIX el collar representó muchas veces esa angustia. Las inquietudes que son palpables en un momento determinado, sus tensiones psicológicas, las aperturas a la vida desconocida, no sólo son expresadas a través de, por ejemplo, la literatura. Los joyeros, igual que todos, forman parte de ese mismo mundo lleno de emociones y preguntas, de fobias y risa. Los pintores prerrafaelitas también pintaban personajes con joyas cargadas de simbolismo.

No era raro que pintaran cuadros en los que aparecían collares de coral alrededor del cuello de mujeres. Y recordemos que, en la mitología griega, cuando Medusa fue decapitada por Perseo, de la sangre, salida de la separación de la cabeza de su cuerpo, nació el coral. Los corales son animales marinos que tienen la capacidad de atrapar peces. Aunque parecen estatuas submarinas, son, en realidad, animales vivos que comen carne.

Serían, entonces, los cazadores salidos de una decapitación mitológica. Carnívoros que adornan, en forma de joya, los cuellos que unen la cabeza al resto del cuerpo.

 

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